RENOVARSE
La “gripe” de las obras
Busco antídoto para sobrevivir al virus de las obras .
A veces pienso que renovar tu casa o parte de ella es como sufrir una especie de gripe de esas que se te agarra fuerte en el pecho y que por mucho que te cuides y trates de prevenir, hay síntomas que son difíciles de superar tales como: el polvo y la suciedad, las quejas de los vecinos por el ruido, el dinero que siempre excede de lo que en principio pensabas, las clásicas discusiones con los operarios que intentan hacer de diseñadores, los permisos del ayuntamiento, las discrepancias con tu pareja…
Por no citar el quebradero de cabeza que supone la mudanza… Aunque este capítulo creo que se merecería otro post!
En fin, quien ha hecho obras alguna vez en su vida sabe de lo que estoy hablando.
Por todo ello, cuando finalizas esta larga “convalecencia” es agradable mirar atrás con orgullo y satisfacción, y poder afirmar bien alto y claro:
“Yo he sobrevivido a las obras de mi casa”
Porque una vez detallada toda la retahíla de inconvenientes que ocasiona renovar tu lavabo, salón o cocina, sólo queda una sensación equiparable a la de haber subido unos “ochomil” en condiciones climáticas adversas y por fin haber llegado a la cima de la montaña: La felicidad absoluta.
Y es que ya dicen, que los caminos de la felicidad no son siempre fáciles ni simples. Quizás superar esta especie de convalecencia de las obras valga la pena porque parece que para disfrutar de las vistas en la cima hay que sufrir en la subida y también haber sufrido terriblemente en la bajada.
Así que pensándolo bien, acaso no vale la pena pasar una simple gripe de vez en cuando?































